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Jaime Jaramillo Escobar:
es fácil ser poeta

Por Óscar Domínguez Giraldo

El hombre que “hizo de la poesía un crimen perfecto”, Jaime Jaramillo Escobar, tiene apellidos de ministro de agricultura o de hacienda. Un día se acostó aliviado y despertó “seudonombrándose” X-504, su razón social de poeta nadaísta, el movimiento que está cumpliendo 50 años en antena.

Tímido como un cartujo, ha muerto varias veces, y es lo menos parecido a un poeta pese a que nació aprendido como tal. Y como tal ha sido tallerista afortunado de esa indisciplina en la Biblioteca Pública Piloto.

Actualmente, da cartilla sobre poesía en la sede central de la Piloto para personas mayores de 18 años. En la filial ubicada en el barrio El Raizal pontifica sobre “Creación Literaria”. De su cátedra se lucran lícitamente estudiantes de la Institución Educativa Enrique Olaya Herrera de los grados 10 y 11. Financia papá Banco de la República.

Retraído, “poquito” para la vitrina como dirían sus tías de Pueblorrico y Betulia —pueblos que se disputan su nacimiento en 1932—, optó por el seudónimo de placa de carro para que “Jaime Jaramillo Escobar pueda vivir libremente sin el peso de la literatura y de la admiración”, según les contó a Reinaldo Spitaletta y a Mario Escobar.

Devoto del bajo perfil, Jaramillo fue reclutado para el Nadaísmo por Gonzaloarango, fundador del movimiento, en el año 67 cuando empezaba a circular su libro de “Poemas de la ofensa”, premio de poesía “Cassius Clay” (sus versos son directos a la mandíbula y al alma).

Enemigo personal del bullicio farandulero, accedió a soltar la lengua cuando el de Andes, entonces periodista de la revista Cromos, le dijo: o me das el reportaje o no tengo con qué pagar el arriendo. Y nadie se niega a un deseo de quien ha sido compañero de sueños.

X-504 es el único poeta que compraba la literatura por kilos, según le contó al terrible poeta Harold Alvaro Tenorio.

In illo tempore, en Altamira, otro pedazo de tierra antioqueña adonde debió emigrar por causa de la violencia político-religiosa de sus años tiernos, solían envolver los artículos que se vendían en las tiendas de abarrotes en periódicos viejos traídos a lomo de mula como antes traían los pianos de cola para las solteras perpetuas de Envigado, según cuenta García Márquez. (Otra parte del papel periódico se iba en tareas menos “sanctas” pues le tocaba remplazar el papel higiénico de hoy).

Pues bien, esto que sabe el “cínico” (el adjetivo es suyo) Jaime, y entonces hizo el primer gran negocio de su vida: le compraba al tendero los suplementos dominicales que venían en el cargamento. Y por ahí se metió a la literatura quien también se ha ganado los premios de poesía “Eduardo Cote Lamus” y el de la propia U. de A. Premio que no se haya ganado X-504, premio que está en nada.

Luego complementaría su exquisita educación literaria haciendo hasta quinto de primaria en Betulia de la mano de su maestro Gabriel Cano Urrego, y en la Universidad de Antioquia donde, a cambio de tener acceso a los libros del índice de libros prohibidos, le ayudaba a su camarada y cómplice Gonzalo Arango a hacer la revista de la U.

Alguna vez le disparé por la vía extinguida del fax algunas inquietudes:

Palabras mayores

A usted lo consideran el poeta mayor del Nadaísmo. ¿Qué le dice este comentario a su vanidad?

Carezco de vanidad y ni siquiera me envanezco de ella. Por eso me asombra y avergüenza encontrarme a veces con la envidia. Lo único que deseo es escribir unos poemas porque ese es mi canto y creo que todos los seres humanos vinimos a cantar. Si canta Dios que debería ser el más atribulado —pero en las noches se le oye cantar—, si toda la creación es un canto, el poeta es una ranita que canta al compás del universo. El canto de la rana es el que más le gusta a Dios porque él está contento de ver que la rana también canta. No importan los diversos conceptos acerca de Dios. Todos se pueden sumar y el resultado siempre es uno. La vanidad es vecina de la ignorancia. Su diccionario dice que la vanidad es una forma inferior del orgullo. ¿Por qué cree usted que yo debería tener eso? Nunca olvidé a Ovidio: “Observa al pavo real: si oye alabanzas de su plumaje, lo extiende con orgullo; si lo contemplas en silencio, cierra su espléndido abanico antiguo”.

Da la impresión de que usted fue el primer desertor del movimiento nadaísta. ¿Por qué se retiró?

El primer desertor fue Gonzalo Arango. Desertor de sí mismo. Y se quedó tan vacío que buscó consuelo en la religión, y parece que no lo encontró porque estaba programando viaje a Inglaterra cuando el que programa los viajes ya tenía todo decidido. Al Nadaísmo no se puede entrar y salir de él porque no tiene puertas. Mi participación en el Nadaísmo —como ya lo he explicado— se debió principalmente a mi amistad con Gonzalo Arango. Nunca se traiciona a los amigos de colegio, y mucho menos después de muertos. Hay quienes han intentado sacarme del Nadaísmo, tal vez porque creen que de ese modo salvarán mi alma, o para restarle algo al movimiento. Lo peor que nos puede ocurrir es que alguien venga a hacernos el bien, porque ese bien es siempre una operación interesada. Después de tantos años de Nadaísmo sería ridículo que tuviera yo una respuesta afirmativa para sus preguntas. ¿No leyó usted un párrafo de Juan Gustavo Cobo Borda (Poesía Colombiana, U. de A. 1987)? Dice: “Este hombre ordenado y tímido, surgido en medio del Apocalipsis nadaísta, se ha convertido, paradoja última, en el autor de una obra que sin renegar del Nadaísmo lo prosigue en su nivel más alto y a la vez más profundo: el de la auténtica poesía”.

¿Existe el Nadaísmo realmente?

Este es un caso parecido al de Dios. Todo el mundo habla de Él y después se pregunta si verdaderamente existe. Recuerde aquel pasaje de la biografía de Gonzalo: “Me paré en el patio de mi casa y grité a todo pecho: ‘¡Dios no existe!’. Y Él me respondió: ‘Ok, Gonzalo’”. Ayer (no es invención) vino un joven a mi casa para decirme: “¡Que siga el Nadaísmo!”. Es lo que escucho en todas partes. Jóvenes que declaran ser nadaístas. El Nadaísmo es una filosofía y por consiguiente determina una actitud ante la vida, la sociedad, el arte. Evoluciona con el pensamiento y se enriquece con el aporte de las nuevas generaciones. Adóptelo el que quiera y sírvase de él. El Nadaísmo no tiene dueños porque el pensamiento corresponde a la especie, y, al individuo, sólo el honor de proclamarlo. Pero no se olvide nunca que el Nadaísmo es de la esencia de la libertad. Hay escritores y artistas que piden libertad, como si la libertad se mendigara, como si pudiera esperarse un regalo tan precioso. La libertad hay que conquistarla; hay que arrebatarla. Y sólo el verdadero artista es capaz de eso. Resulta oportuno repetir esto.

Entre la Coca-Cola y el aserrín

¿De qué están hechos los poetas?

Debo entender esta pregunta en sentido metafórico y por lo tanto contestarla en la misma forma. La poesía puede ser un género de literatura, pero los poetas no son en modo alguno un sub-género de la humanidad. No se los puede considerar en conjunto. Cada poeta está hecho de su propia materia: Rilke estaba relleno de pétalos de rosa y el pobre Milton tuvo que tragar tantas lágrimas que se convirtió en roca de sal. El desgraciado Dante, condenado a ser quemado vivo, era evidentemente una antorcha de fuego puro. Entre nosotros, León de Greiff estaba hecho de palabras, lo mismo que Góngora. Pero Barba Jacob, según mi profesor de literatura, solo tenía diablos por dentro. Los poetas jóvenes de hoy, con mejor suerte, están rellenos de Coca-Cola y de aserrín.

Angelita, la compañera de Gonzalo Arango, suele decir que los nadaístas traicionaron el movimiento. ¿Usted considera que sí?

No es cierto, pero no sería elegante de mi parte cuestionar públicamente comportamientos femeninos, salvo los referentes a las damas de la corte. Aprendí eso de la cultura inglesa. Tarde o temprano la historia empieza a hacer sus indagaciones. Y no se diga más de esto.

La muerte toca cuatro veces

El Nadaísmo muere y resucita cada cierto tiempo. ¿Esta capacidad de dónde le viene?

Pregunta mal hecha. Decir que muere y resucita denota una deficiente observación de la realidad. En este país se reparten certificados de defunción muy a menudo. Yo mismo he conocido la noticia de mi muerte cuatro veces. Si usted puede asegurarme que ya he estado muerto y que he resucitado, eso significa que soy eterno, cosa que sospechaba. La viabilidad del Nadaísmo proviene de ser la única vanguardia que ha existido en Colombia. Con el Nadaísmo la poesía cambió de temas y de formas, gracias a su impulso renovador y a su eficacia actualizadora. Por ahí encontré, recientemente, este aviso: “Chupe Nadaísmo antes de que se acabe”. Era una calcomanía, en un bus.

Amigos de papel

Usted ha dirigido talleres literarios en la Biblioteca Pública Piloto. Borges, Carranza en nuestro medio, dirigieron una biblioteca. ¿Cuál es el encanto de las bibliotecas?

Me pregunta usted cuál es el encanto de las bibliotecas, lo cual conduce directamente a una apología innecesaria. La pequeña biblioteca personal tiene siempre más encanto que la gran biblioteca pública. Nunca me han gustado los libros en préstamo. Porque un libro es un amigo y a un amigo nunca se presta. Ir a conversar con un libro en una biblioteca pública es como ir a hacerle la visita a un señor todo protocolario y limitado. Los señores no dan su corazón en las visitas. Para que te dé su corazón tienes que salir con él de paseo, e invitarlo a dialogar al calor de tu chimenea con un coñac en la mano y el gato ronroneando sobre el tapiz, muy cerca de la lumbre. ¿Cómo puedo yo ir a ver a Thomas Mann en la biblioteca pública? Ambos nos sentiremos molestos y no tendremos nada que decirnos. Para mí las bibliotecas públicas no tienen ningún encanto. Pero la Biblioteca Pública Piloto de Medellín no es como una biblioteca pública, sino como la biblioteca particular de cada uno de sus usuarios. Usted, Oscar Domínguez, acaba de hacer un bellísimo elogio de la Biblioteca Piloto. Me dijo esto, palabra más, palabra menos: “Tengo una deuda no prescrita con la Piloto: recuerdo que iban a los barrios a prestar libros a cambio de nada, salvo las ganas de ‘desanalfabetizarse’ que tuviera la muchachada. Los libros iban dentro de carros que entonces me parecían con pinta de extraterrestres. Es decir, que si en otros planetas le prestan libros a la gente, deben distribuirlos en carros de la Biblioteca Pública Piloto...”. Es muy bonito eso que usted me decía. Por favor, consérvelo como parte de esta entrevista.

Los poetas van al cielo

Los poetas, los escritores, ¿nacen o se hacen?

Los escritores y artistas son como los futbolistas: nacen. Nadie, ni el mejor técnico, puede hacer de un pelele un Pelé. Desde luego, jugadores normales se pueden formar y cuando se den ciertas circunstancias. Pero el genio nace. Lo mismo ocurre con los poetas. ¿Está claro?

¿Cuando los poetas se mueren adónde van?

Unos al hueco y otros a la gloria. Así de simple. Dependerá de sus méritos. Como en la religión. Juan Gustavo Cobo Borda publicó un libro titulado: “Todos los poetas son santos e irán al cielo”. En la segunda edición suprimió el cielo. La tercera edición se titula simplemente: “Todos los poetas son...”.

Cuando Gonzalo Arango murió iba camino de los altares. Se había vuelto un poeta contemplativo. ¿Por qué los demás no han seguido su huella?

Me admira su pregunta. Todo gran poeta es contemplativo. Si no es contemplativo no puede ser gran poeta. A menos que usted tenga alguna confusión sobre el significado de la palabra “contemplativo”. Todo el mundo procura emplear acertadamente las voces técnicas, menos cuando se refieren a la poesía. Algo semejante sucede con la palabra “inspiración”. Hasta los poetas jóvenes tienen problemas con términos como estos. Un versificador cualquiera no necesita cualidades especiales, ciertamente, pero un verdadero poeta es casi un sacerdote. Para no ir muy lejos piense en Borges o en Neruda.

Unas de cal y otras de arena

¿Usted le tiene bronca a la vida? ¿La vida a usted?

En mis libros hay poemas muy alegres y también los hay tristes porque la vida es así. Y porque deben existir cantos para la alegría y la tristeza. En rigor, no puede decirse que la vida le tenga “bronca” a nadie. Y nadie está contento con su vida todo el tiempo. Unas son de cal y otras de arena. Es la medida. El contemplativo desconoce la palabra “bronca”. Está en paz con el universo y consigo mismo. No está en pugna con nada, e invadido de serenidad, disfruta de la más perfecta alegría.

Fuente:

El Nuevo Siglo, domingo 31 de agosto de 2008. Comunicación personal.

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